2/6/15
27/5/15
24/5/15
El Mar
El
horizonte a lo lejos está solo, pero en un momento la bola de fuego nace
tiñendo el mar con una fina línea naranja, esa línea en realidad es un camino
que nos lleva hasta donde el silencio se respira y el salitre se pega a la piel
salándonos y así formar parte de él, aquí el sol no quema y las gaviotas vuelan
raso cerca nuestra pudiendo así, sentir su aleteo libre que vuela sobre ese mar
de azules fríos y verdes algas. En su infinito fondo se encuentran tesoros a
salvo de piratas, los llamados tesoros alma, viven allí entre corales preciosos
y ciudades mágicas de infranqueables fronteras. Los peces, guardianes de
armadura plata y lanza de espina, las algas mantas de seda viva, arropan del
frío las profundidades, estrellas de mar iluminan calles del negro océano.
Arriba,
en la superficie, el sol a teñido de oro y brillantes, las olas rompen rocas, y
en la orilla mis poros se erizan como un gato asustado cuando el frío del agua
otoñal acaricia mis pies. Sentada en una roca habitada por lapas que comen
minerales y sal, escucho sus gritos al ser golpeadas por las olas, lapas
huérfanas del mar, hijas de la roca.
La
espuma recorre mis dedos oxigenando recuerdos entre burbujas de sal, y camino
por la orilla dejando huellas tras de mí, que son recuerdos cada vez que el mar
las toca y las hace suyas.
Entonces
me escribo la palabra “besos” en mis pies y así cuando el mar los acaricie se
los llevará con él, mis besos, al fondo de mar donde los tesoros alma los
recibirán con alegría, para ellos, miles de besos que llegan desde la tierra
seca.
Besos,
muchos besos, millones de besos, infinitos besos inundaran el mar. Besos de
amor y ternura, besos de lucha y aceptación, las algas los abrazaran de verde
esmeralda, y los guardianes peces reflejaran con sus armaduras plata mas besos,
luz de recuerdos y abrazos, los tesoros alma que allí duermen quedaran
impregnados de amor, en su infinito mar, en el fondo de la mar salada.
22/5/15
Els teus llençols
Encara dormo en els teus llençols, aquells en els que vam dormir l’últim dia.
Encara penso que no has marxat, perquè la teva olor, la teva suor, encara hi són en els teus llençols, als meus llençols, al nostre llit.
Encara no sé per què vas marxar, sense dir-me res, deixant les nostres il·lusions a mitges.
Encara dormo al nostre llit amb els llençols, aquells en els que vam dormir aquell dia.
I abraço el teu coixí, com si fossis tu, perquè no vull que marxis, que no marxis mai, tot i que ho has fet, sense dir-me res.
I respiro profundament intentant que cada pessic de la teva olor entri en el meu cor, que et necessita.
Abraço el teu coixí, perquè es teu, com jo teva ho serè sempre.
I no vull que marxis mai més, em fas mal.
No vull arribar a casa i només trobar records, perquè ja no hi ets, i cada dia et respiro per si tornes, o al menys, per sentir que encara hi ets.
Però sé que un dia es desgastarà aquest aire, i amb ell, la teva olor que tant em falta, aquesta olor que m´apropa a tu, perquè no vull que marxis.
Algun dia els teus llençols només faran olor a mi, el teu coixí serà meu, i marxaràs per sempre.
La niña Indigo
Llegaron del espacio los llamados “niños índigo” procedentes del planeta Blanco, allí sus habitantes no se comunicaban a través de la voz, sino que utilizaban todo su cuerpo para hablarse, un solo gesto o una simple mirada era suficiente. En el planeta Blanco reina la paz y la naturaleza domina sin hacer daño, el amor impregna el aire.
Un día
cualquiera conocí a una niña índigo…
El sol que
alto se levantaba lanzaba rayos mortíferos de calor hacia el suelo, la tierra
desprendía cortinas de humedad ondulada y trasparente haciendo que las pequeñas
libélulas rojas no pudieran avanzar a través de aquel humeante aire. La
tierra llena de arrugas de sed, aguantaba estoicamente, tierra seca y
polvorosa, consumida.
El viento
soplaba con muchas ganas, como queriendo levantar la alfombra de polvo y arena
que allí descansaba, los elementos estaban en guerra. El viento dibujaba trazos
blancos al azul cielo que nunca conseguía estar solo, las nubes hablaban de
historias por toda la inmensidad de aquel cuaderno azul, en colores blancos y
azules varios. Por la noche, el cielo se vuelve negro y una compañía de
estrellas luz iluminan el suelo como si echaran de menos a la estrella sol.
Pues allí
la vi, sentada en una inmensa roca, desnuda y dejándose llevar por todo, la
niña índigo desprendía paz, su lechosa piel se sonrojaba al ver al sol que la
pretendía, mirada de azúcar y miel, melena larga como las sirenas de los mas
profundos océanos, su pelo danzaba a las ordenes del viento, entonces partículas
de polvo que viajaban a través de las corrientes, se engancharon a su piel
formando una fina capa de purpurina dorada, brillante al sol, era espectacular,
una estrella había caído del cielo y ahí estaba en medio de la nada una niña
índigo, estrella de brillantes y terciopelo descansaba plácida, desnuda al sol.
Se
convirtió en roca, suelo y minerales, y en savia para espinosos matorrales. Fue
viento de caricias templadas formando nubes de algodón, que acolchadas y
esponjosas la recibían al descanso. Lo fue todo para no ser nada, abandonó su
piel y se dejó sentir, la estrella caída del cielo brillaba, irradiaba luz y se
deshacía de amor, una mañana cualquiera.
17/5/15
Pies descalzos de San José, Uruguay
19
de abril de 1969.
La
tremenda lluvia castigaba la pequeña localidad de san José de Mayo, el barro corría
por las calles llenas de agujeros, raíces de superficie y asfalto roto.
Los
truenos destrozaban el oído de perros aulladores mientras el viento repartía
azotes de lluvia a los valientes. Entre ellos Jorge y María, que corrían calle
abajo hacia el sanatorio para dar a luz a su sexto y último hijo, Israel, nombre hebreo que significa “fuerza de Dios”. Un
parto horroroso, de rayos y truenos, sangre y lágrimas, desesperación y agónica
fe, la llegada al mundo del sin sentido, otro pobre niño, otra boca en un hogar
lleno de genios sin alas, de Ángeles destronados de un cielo de mediocres, hogar
de lenguas rápidas y cabronas que se divierten con el pelo de los demás, un
lugar donde el mas lento es apaleado y el más rápido viaja solo.
Al
sanatorio llegó Miguel, corriendo como un loco para conocer al pequeño, una
ilusión abrumadora. El empeño por nacer rompió unas aguas contaminadas por la
desgana de una mujer cansada de criar a varones, la incredulidad que detrás de
cada hijo pueda llegar una luz colmada de oportunidades.
Un
sanguinario nacimiento de electrizable dolor, llanto asesino.
La
tormenta calmo su furia y llegó a su fin.
En tus sabanas
Y sigo
durmiendo en tus sabanas, aquellas en las que dormimos el último día.
Todavía creo que no te fuiste, porque tu olor, tu sudor, siguen aquí, en tus sabanas, mis sabanas, nuestra cama.
Todavía no sé por qué te fuiste, sin decir nada, dejando nuestros sueños a medias.
Todavía duermo en nuestra cama con las sabanas, aquellas en las que dormimos juntos aquel día.
Y abrazo tu cojín, como si fueses tú, porque no quiero que te vayas, que no te vayas nunca, pero lo has hecho, sin decir nada.
Y respiro profundamente queriendo que cada partícula de tu olor entre en mi corazón, que te necesita.
Abrazo tu cojín, porque es tuyo, como yo tuya lo seré siempre.
Y no quiero que marches nunca más, me haces daño.
No quiero llegar a casa y solo encontrar recuerdos, porque ya no estas, y cada día te respiro por si vuelves, o al menos, para sentir que todavía estas aquí.
Pero sé que un día se desgastará este aire, y con él, todo tu olor que tanto me hace falta, este olor que me acerca a ti, porque no quiero que marches.
Algún día tus sábanas solo tendrán mi olor, tu cojín será mío, y tú te irás para siempre.
Todavía creo que no te fuiste, porque tu olor, tu sudor, siguen aquí, en tus sabanas, mis sabanas, nuestra cama.
Todavía no sé por qué te fuiste, sin decir nada, dejando nuestros sueños a medias.
Todavía duermo en nuestra cama con las sabanas, aquellas en las que dormimos juntos aquel día.
Y abrazo tu cojín, como si fueses tú, porque no quiero que te vayas, que no te vayas nunca, pero lo has hecho, sin decir nada.
Y respiro profundamente queriendo que cada partícula de tu olor entre en mi corazón, que te necesita.
Abrazo tu cojín, porque es tuyo, como yo tuya lo seré siempre.
Y no quiero que marches nunca más, me haces daño.
No quiero llegar a casa y solo encontrar recuerdos, porque ya no estas, y cada día te respiro por si vuelves, o al menos, para sentir que todavía estas aquí.
Pero sé que un día se desgastará este aire, y con él, todo tu olor que tanto me hace falta, este olor que me acerca a ti, porque no quiero que marches.
Algún día tus sábanas solo tendrán mi olor, tu cojín será mío, y tú te irás para siempre.
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