02/11/08

La niña índigo

Llegaron del espacio los llamados niños índigo, procedentes del planeta Blanco, allí sus habitantes no se comunicaban a través de la voz, sino que utilizaban todo su cuerpo para hablarse, un solo gesto o una simple mirada era suficiente. En el planeta Blanco reina la paz y la naturaleza domina sin hacer daño, el amor impregna el aire.
Un día cualquiera conocí a una niña índigo...
El sol que alto se levantaba lazaba rayos mortíferos de calor hacia el suelo, la tierra desprendía cortinas de humedad ondulada y transparente haciendo que las pequeñas libélulas rojas no pudieran avanzar a través de aquel humectante aire. La tierra, llena de arrugas de sed aguantaba estoicamente, tierra seca y polvorosa, consumida.
El viento soplaba con muchas ganas, como queriendo levantar la alfombra de polvo y arena que allí descansaba, los elementos estaban en guerra. El viento dibujaba trazos blancos al azul cielo que nunca conseguía estar solo, las nubes hablaban de historias por toda la inmensidad de aquel cuaderno azul, en colores blancos y azules varios. Por la noche, el cielo se vuelve negro y una compañía de estrellas luz iluminan el suelo como si echaran de menos al sol.
Pues allí la vi, sentada en una inmensa roca, desnuda y dejándose llevar por todo, la niña índigo desprendía paz, su lechosa piel se sonrojaba al ver al sol que la pretendía, mirada de azúcar y miel, melena larga como las sirenas de los más profundos océanos, su pelo danzaba a las órdenes del viento, entonces las partículas de polvo que viajaban a través de las corrientes, se engancharon a su piel formando una fina capa de purpurina dorada, brillante al sol, espectacular, una estrella había caído del cielo y ahí estaba en medio de la nada, la niña índigo, estrella de brillantes y terciopelo descansaba plácida y desnuda al sol.
Se convirtió en roca, suelo y minerales, en vida para espinosos matorrales. Fue viento de caricias templadas formando nubes de algodón, que acolchadas y esponjosas la recibían al descanso. Lo fue todo para no ser nada abandonó su piel y se dejó sentir, la estrella caída del cielo brillaba, irradiaba luz y se deshacía de amor.
Una mañana cualquiera.

Marta

15 comentarios:

Maria Luisa dijo...

¡PRECIOSO, IMAGINATICO, GENIAL!

Quiero ser "tu niña índigo".
Como ella convertirme en roca, viento, caricias y deshacerme de amor.
Hablarnos con una sola mirada, una mañana cualquiera.
Empleo tus palabras, son preciosas.

Un abrazo grande y un te quiero.

Marta Fernández Olivera dijo...

Gracias Mª Luisa..es un placer tener lectoras como tu, que se involucren emocionalmente conmigo..
Gracias guapisima
Un besazo!

marisa dijo...

Vaya, si tenías un pequeño rincón literario y yo sin pasarme por aquí. Me gustan especialmente "El mar", "El encuentro" y este pequeño tesoro de "la niña Índigo" que me gustaría leer a mis hijos. Gracias por invitarme a venir, ha sido un placer conocer sta otra faceta tuya. Eres estupenda, arrolladora y llena de vida.

joan pardo dijo...

La vida da sorpresas y esta es una de ellas.
Joan

Marta Fernández Olivera dijo...

Marisa el placer es mio, y que decidas leer "la niña índigo" a tus niños, los tuyos o tus alumnos me llena de alegría.
El relato del "mar" lo hice para Mª Luisa despues de leer su cuento de "mi tesoro"
Y "encuentro", surgió despues de un trabajo fotográfico de introspeccion que realice para el instituto el curso pasado.
Gracias por venir, a mi rincon más privado.
Un abrazo

Marta Fernández Olivera dijo...

Hay "Guang"..., si supieras el origen de este cuento....te echarías a reír, esto tiene origen en el desierto de las Bardenas Reales y la niña índigo...venía conmigo... :)
un placer que pases por aqui!
Hasta pronto, y besikos!!
Marta

Cris dijo...

Aquella tierra
fina y delicada
aquella que fue testigo de nuestra energia

La que vió el calor
sintió nuestras manos y nuestros cuerpos

Transmitió su luz a aquel momento
Y participó mostrando su fuerza, su interior

Mezcló su esencia entre tus dedos y lo compartiste conmigo


Aquella tierra que quedó para siempre en nuestro interior


Cris

Marta Fernández Olivera dijo...

Merci "niña..."
un plaer compartir moments i espais amb una " estrella llum caiguda del cel". Aquest conte va dedicat a tu.
muakas
"uiki"

Popi dijo...

Que los niños índigo se apoderen del mundo y que tú puedas relatarlo.
:)

Marta Fernández Olivera dijo...

Popi, ya me gustaria...
:)

Raquel dijo...

Em fas veure el que veus, el que sents, l'emoció. Un petit moment.

Gràcies per compartir-ho.

Petons

media luna dijo...

Querida Marta, ha sido un auténtico deleite leer este precioso cuento. Original y lleno de recursos literarios que ahora no voy a nombrar (entre otras cosas porque tengo olvidados sus nombres). Creo que cada uno de los niños que habitan nuestro planeta son también niños índigos. Son estrellas llenas de amor. Y quien se acerca a ellos/as se ilumina con su luz.
Un placer. Creo que ésta faceta tuya nos hará descubrir muchos mundos.
Saludos

Marta Fernández Olivera dijo...

Raquel, merci pel teu comentari, vina sempre que volguis, es tracta d´aixo, compartir, simplement compartir.
Petoneeeets.


Luna, que me digas que tengo muchos recursos literarios hasta me sonroja!, intento plasmar cosas que si que vi, y le añado mi imaginación haciendola volar hasta donde llegue, y aderezado con un poco de pasión por sentir todo lo que me envuelve!
Un abrazo!
Marta

media luna dijo...

Marta, no sabía dónde preguntarte si te puedo añadir a "mis otros mundos". Quería tu permiso antes de hacerlo.
Ya volveré a leer tu respuesta.
Un saludo

Marta Fernández Olivera dijo...

claro que si Luna, será un placer formar parte de ellos.
Un beso :)